Nota #5 · ¿Importa la higiene íntima?
¿Cuántas veces has escuchado a alguien decir estas palabras?:
"Me he comprado un gel íntimo que es fantástico. Yo tengo un jabón para el cuerpo, otro para la cara y otro específico para la zona íntima. Estas toallitas íntimas me dejan la zona muy fresquita"
Yo, bastante.
Y entonces piensas ¿de verdad necesitamos todo esto para la higiene íntima?.
Hemos conseguido convertir una cosa bastante sencilla en un problema que necesita cada vez más productos "para solucionarse".
Y cuanto más nos venden la idea de que necesitamos cuidar, equilibrar, proteger, refrescar y perfumar nuestra zona íntima, más fácil es acabar haciendo justo lo contrario de lo que necesita nuestra piel: irritarla y alterar su barrera natural.
Así que vamos por partes: lo que dicen las guías, lo que sabemos sobre la piel y lo que nos dice el marketing.
Vulva y vagina:
La vagina no se lava. La vulva sí.
Parece una obviedad, pero no lo es tanto cuando llevamos años hablando de "higiene vaginal" para referirnos a todo.
La vagina tiene su propio ecosistema y no necesita duchas, irrigaciones ni productos para limpiarla por dentro. De hecho, las duchas vaginales no se recomiendan porque pueden alterar el equilibrio interno.
La higiene cotidiana se refiere a la parte externa. Porque la vulva es piel.
Una piel especialmente sensible, sí. Pero piel.
Y, por tanto, también tiene una barrera cutánea que podemos irritar si nos pasamos con el lavado, la fricción o los productos.
¿Cuánto hay que lavar la zona íntima?
Probablemente menos de lo que nos han hecho creer.
No necesitamos frotar. No necesitamos esponjas. No necesitamos desinfectar nada. No necesitamos lavarnos cada vez que sentimos humedad. Y no necesitamos convertir cada secreción en algo que haya que eliminar o esconder bajo compresas o lociones perfumadas.
Las recomendaciones dermatológicas para el cuidado vulvar insisten en evitar el exceso de lavado y los irritantes. RCOG (Royal College of Obstetricians and Gynaecologists), por ejemplo, aconseja una limpieza suave, evitar los productos que puedan irritar la piel y en el contexto del cuidado vulvar, una limpieza al día es suficiente.
¿Qué pasa con las famosas toallitas íntimas?
O mejor: ¿para qué necesitamos una toallita específica para limpiar una zona que podemos lavar con agua?
La toallita no lleva solo agua. Lleva conservantes, tensioactivos y, muchas veces, perfumes u otros ingredientes que permanecen sobre la piel, y que pueden favorecer la irritación. Y precisamente la piel vulvar es bastante sensible a los irritantes.
Por eso las recomendaciones dermatológicas aconsejan evitar las toallitas, incluidos los productos comercializados como "toallitas íntimas".
Ojo, no porque una toallita vaya a provocar necesariamente un problema cada vez que la uses.
Sino porque no aporta una ventaja real, probablemente te cueste más dinero y, encima, añada ingredientes potencialmente irritantes que realmente no necesitas.
Y ahora viene mi parte favorita: ¿Qué jabón utilizamos?
Aquí vamos a aplicar el sentido común. No voy a decirte que "ese jabón es malísimo o compra un gel íntimo específico."
No voy a venderte nada, voy a explicarte lo que puedes hacer tú según tus necesidades.
Si quieres tener un gel para ducharte y otro para la parte externa de la vulva, me parece una opción perfectamente razonable.
O si tienes un limpiador corporal suave que toleras bien, no tienes por qué comprar otro porque el envase diga "íntimo".
Lo que importa de todo esto es cómo está formulado el producto.
Podemos utilizar un limpiador corporal suave, con un pH adecuado para la piel, o elegir un syndet.
Un syndet es un limpiador formulado con detergentes sintéticos en lugar de jabón tradicional, que limpia de forma suave sin alterar la barrera cutánea. Algo así como "un jabón sin jabón".
Pero aquí quiero hacer una puntualización importante:
Que sea syndet no significa automáticamente que sea bueno. Y que un gel tenga un determinado pH, tampoco.
Una formulación es el conjunto de ingredientes de un producto. Y un producto puede tener un pH determinado y llevar perfume. Puede tener ácido láctico y otros ingredientes que no necesitas. Puede llamarse "íntimo", "natural", "dermatológicamente testado" o "respetuoso con la flora" y eso, por sí solo, no nos dice si su formulación es la más adecuada. Aunque todo eso suene muy bien.
Por eso, si quieres comprar un limpiador o un gel para la vulva, yo me fijaría antes en cosas bastante menos llamativas: que sea suave, sin perfume y poco irritante. Con una buena formulación.
No necesitas tener un producto para cada centímetro de tu cuerpo. No necesitas gastar 15 € en un gel íntimo porque sea "íntimo". Pero tampoco un gel corporal es automáticamente malo porque no sea específico para esa zona.
Repito, lo que importa es la formulación y cómo responde tu piel.
Y aquí aparece el marketing.
Porque si algo me parece interesante de este tema es comprobar cuánto de lo que hacemos por "higiene íntima" responde realmente a una necesidad sanitaria.
"Equilibra tu pH. Protege tu flora. Sensación de frescor. Neutraliza los olores. Limpieza profunda. Higiene íntima diaria."
Todo suena muy científico.
Pero una cosa es que una frase aparezca en un envase y otra que exista evidencia independiente de que necesitamos ese producto.
Ahora te pregunto: ¿Lo compras por necesidad o lo compras para solucionar un "problema" que te han hecho creer que tienes?
El flujo vaginal fisiológico no es suciedad. Y, sin embargo, muchas chicas creen que deben usar salvaslips para no manchar la braguita.
Su uso frecuente puede favorecer humedad, irritación y alteraciones de la barrera cutánea y, en algunas personas, contribuir a problemas vulvovaginales. Pero sobre salvaslips, ropa interior y humedad, hablaremos en otro capítulo
Parece que el marketing nos ha hecho creer que "tener flujo es sinónimo de estar sucia" y que, por tanto, tenemos que eliminarlo, esconderlo o neutralizarlo.
Las secreciones cambian a lo largo del ciclo. Y es normal. Porque nuestras hormonas cambian. Nuestro moco cervical cambia. La cantidad de secreción cambia. La sensación de humedad cambia.
Eso forma parte de la fisiología normal, no es un problema que haya que solucionar. No necesitas que tu vulva se mantenga igual todos los días.
Hay una diferencia entre los cambios fisiológicos y los cambios que no son habituales.
Si aparece un olor fuerte o desagradable, un cambio llamativo en el color, aspecto o cantidad del flujo, o síntomas como picor, ardor, dolor o irritación, conviene consultar con un profesional sanitario.
Tu cuerpo cambia. Y el ciclo menstrual forma parte de esos cambios.
No necesitas que tu zona íntima huela siempre igual (ni a rosas), tenga siempre la misma sensación de humedad, produzca siempre la misma cantidad de flujo, tenga exactamente la misma apariencia ni necesite exactamente la misma atención todos los días del mes.
Entonces, ¿qué hacemos?
Lo que siempre intento transmitirte, algo sencillo:
Lavar la vulva suavemente. No utilizar perfumes, desodorantes ni duchas vaginales. Evitar las toallitas como parte de la higiene habitual. No frotar ni lavar constantemente.
Y si quieres utilizar un limpiador: uno suave, sin perfume y que tu piel tolere bien. Puede ser un syndet, un único limpiador para el cuerpo y la vulva o puede que ni siquiera necesites uno específico para esa zona.
No hay medallas por tener cinco geles diferentes en la ducha ni vas a ser menos mujer por no tenerlos.
Muchas veces no necesitamos añadir otro producto a nuestra rutina.
Necesitamos entender cómo funciona nuestro cuerpo, distinguir lo que necesita de lo que nos han hecho creer que necesita y cuidarlo con sentido.
Laura.
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