Nota #4 ¿Las hormonas influyen en tu pelo?

 


De repente, empiezas a ver más pelo de lo normal en la ducha.

Tienes menos densidad, la coleta parece más delgada... Lo notas más fino, frágil o seco.

Y entonces te preguntas:

¿Será algo hormonal?

Pues puede que sí.

Las hormonas influyen en el pelo. Pero tu pelo también responde a lo que ocurre en tu interior. Y ahí hay mucho más que hormonas.

Aunque lo veamos como algo externo, el pelo no está separado del cuerpo.

Influyen las hormonas, sí: andrógenos, estrógenos, hormonas tiroideas...

Pero también la nutrición, el estrés, la genética, algunas enfermedades, los cambios de peso, determinados medicamentos y, en general, todo aquello que puede alterar nuestro organismo.

Debajo de cada cabello existe un folículo piloso: una estructura viva que necesita energía y nutrientes y que responde a diferentes señales del organismo.

Por eso, antes de recurrir directamente a un suplemento para que “crezca el pelo”, quizá podríamos hacernos una pregunta:

¿Qué ha cambiado en mi vida durante los últimos meses?

Esto último es especialmente interesante cuando hablamos de estrés.

La caída del cabello no siempre aparece justo cuando estamos atravesando el peor momento. A veces llega después, cuando incluso pensamos que ya estamos mejor.

Y esto fue algo que, en mi caso, me hizo mirar hacia atrás y entender mejor lo que estaba pasando unos meses antes.

Me hice estas tres preguntas:

¿Qué ha ocurrido en mi vida?

¿Estoy comiendo bien?

¿Estoy cuidando mi pelo?

Y creo que son tres preguntas que merece la pena hacerse antes de empezar a buscar cualquier “parche milagro”.

Por supuesto, si tienes un problema capilar que va más allá de una caída puntual o notas algo que te preocupa, consulta con dermatología para saber qué está ocurriendo.

Pero mientras tanto, podemos empezar por mirar lo más básico.


1. ¿Qué ha ocurrido en mi vida?

A veces nos fijamos únicamente en el momento en el que aparece la caída.

Pero quizá tengamos que mirar un poco más atrás.

¿Cómo estás descansando?

¿Qué tipo de trabajo tienes?

¿Cómo es tu día a día?

¿Te estás moviendo o haciendo más ejercicio de lo habitual?

¿Has pasado por una época especialmente estresante?

¿Has tenido cambios importantes?

¿Estás disfrutando de tu día a día o llevas meses funcionando en automático?

No se trata de analizar cada detalle de nuestra vida buscando qué hemos hecho mal.

Se trata simplemente de parar y mirar a nuestro alrededor.

Porque nuestro cuerpo no vive cada cosa por separado.

No siempre podemos cambiar lo que nos está pasando, pero sí podemos empezar por reconocerlo y, cuando sea posible, darle a nuestro cuerpo un poco más de descanso, recuperación y cariño.


2. ¿Estaré comiendo bien? 

El folículo piloso es un tejido muy activo y necesita energía y nutrientes para funcionar correctamente.

Por eso, una alimentación insuficiente, una pérdida importante de peso o determinados déficits nutricionales pueden influir en el cabello.

Y aquí volvemos a caer en lo mismo.

Vemos un anuncio de unas vitaminas para el pelo y pensamos:

“Igual esto es lo que necesito.” 

“Estas vitaminas son buenísimas.”

Pero antes de buscar qué cápsula nos falta, quizá podamos preguntarnos algo mucho más sencillo:

¿Estoy comiendo suficiente y variado?

Vitaminas, minerales, proteínas, grasas, hidratos de carbono... es todo lo que necesitamos.

No hay un alimento mágico ni un suplemento que pueda compensar por sí solo una alimentación que no está cubriendo nuestras necesidades.

Si existe un déficit, habrá que identificarlo y corregirlo.

Pero si no existe, tomar más no significa necesariamente que nuestro pelo vaya a crecer mejor.

Aquí mi consejo también es sencillo: come bien.

No hace falta que tu alimentación sea perfecta, ni que empieces a contar cada vitamina y cada mineral que consumes.

Intenta que sea suficiente, variada y que cubra tus necesidades. Come alimentos que te aporten proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales.

No necesitas encontrar el alimento perfecto para tu pelo. Necesitas una alimentación que, en conjunto, cuide de ti.


3. ¿Estoy cuidando mi pelo?

Aquí también hay muchísimo que decir.

Porque parece que existen mil reglas sobre cómo cuidar el cabello.

Que si te lo laves todos los días.

Que cuanto menos lo laves, mejor.

Que si tienes que dejarlo “respirar”.

Que si necesitas este suplemento.

Que si necesitas este champú.

Que si tienes que dejar de usar aquel producto...

Y mientras tanto, nuestro pelo está expuesto a todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

El sol.

La contaminación.

El polvo.

La humedad.

El calor excesivo del secador o de las planchas.

Los tintes y decoloraciones.

El sudor o la grasa...

Y, por supuesto, también está sometido a la falta de cuidado y mantenimiento.

El verdadero tabú parece estar en la frecuencia de lavado.

Porque todavía escuchamos que lavarse el pelo demasiado “lo estropea” o que hace que se caiga más.

Mira, Durante la pandemia, cuando atendíamos a pacientes con COVID, nos duchábamos y lavábamos el pelo prácticamente todos los días, aunque nuestro cabello pudiera parecer perfectamente limpio. Era necesario por el trabajo y por las medidas de higiene.

Y no, no se me empezó a caer el pelo por lavarlo todos los santos días. Ni a mi, ni a ninguna compañera. 

Lavarse el cabello no hace que el folículo se caiga. Lo que ocurre es que, durante el lavado, retiramos cabellos que ya estaban preparados para desprenderse. Por eso puede parecer que “se cae más” cuando nos lavamos después de varios días sin hacerlo.

La frecuencia adecuada de lavado depende de cada cuero cabelludo.

Una persona con tendencia a tener el cuero cabelludo graso necesitará lavarlo más a menudo, mientras que otra con un cabello muy seco puede espaciar más los lavados.

Si trabajas en la obra y vuelves a casa lleno de polvo, lávatelo. Si haces deporte y sudas, lávatelo.

Porque todo eso que se va acumulando —sebo, sudor, polvo, células muertas, contaminación y restos de productos— eso no desaparece, se acumula. Puede alterar el equilibrio del cuero cabelludo, favorecer la descamación, el picor y la inflamación, especialmente si ya tienes tendencia a problemas como la dermatitis seborreica.

No existe una cifra mágica válida para todo el mundo.

Mi consejo es mucho más sencillo:

Si está sucio, se lava.

Si necesitas lavarlo con frecuencia, no tengas miedo de hacerlo.

Cuidar el pelo no significa intentar lavarlo lo menos posible. Y tampoco significa llenarlo de productos.

A veces significa simplemente hacer bien lo básico.

Menos calor cuando podamos.

Cuidado con los procesos químicos.

Protegerlo del sol.

No maltratarlo innecesariamente.

Lavarlo cuando esté sucio.

Y utilizar productos que ayuden a mantener la fibra en buenas condiciones.

Sentido común.

Y antes de buscar qué te falta, quizá merece la pena preguntarte:

¿Estoy cuidando bien todo lo que ya tengo?

Laura.

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